Vocación

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Llamadas a consagrar nuestra vida a Jesús,
a imitación de María Inmaculada,
para la educación cristiana de niños y jóvenes.

La llamada a la vida religiosa es una llamada a seguir a Jesús, allí donde vaya. Aprender, viviendo con Él, a vivir como Él. A tener sus mismos sentimientos y actitudes, a caminar cada día buscando llevar a cabo la voluntad del Padre, que es la obra de salvación de toda la humanidad. Pues “Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de Él”. Así a todos los que llama, los envía con la misma misión de su Hijo, continuar esa obra de salvación.
 

“Llamó a los que Él quiso para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar”


La vida religiosa concepcionista responde a esa llamada de Jesús, asentándose en tres pilares fundamentales: la oración, buscando esa comunicación continua con Jesús y el Padre en el Espíritu Santo; la vida de comunidad, en la que todos puedan conocer que somos discípulas de aquel que nos ha llamado por el signo visible del amor fraterno, y la misión apostólica-educativa, que nos lleva a ir y enseñar, en cualquier lugar del mundo, educando a niños y jóvenes con el modelo de María Inmaculada, la preservada y la vencedora del mal. Que el bien que llena sus corazones, impregne la sociedad en la que viven y de la que un día serán también responsables, con esperanza. Reto al que somos llamadas a responder hoy, libremente.


“Si quieres…ven y sígueme”.